miércoles, 20 de marzo de 2013

Cuando la misión es el olvido.


Por Alexis Romero

A veces la vida es una taza china que se nos cae de la mano y se agrieta. Así nos llega el secreto hilo de misterio de la vida cotidiana, de nuestra vida diaria. Lo que creíamos perfecto, completo, suficiente, no era sino el producto de nuestra voluntad de negar los quiebres. Esto es Misión Olvido, la novela de María Dueñas.

Es la historia de una ruptura, en apariencia la ruptura de una relación de pareja, socialmente estable. Un quiebre que convierte a la memoria en recortes. La tragedia de lo que vemos compacto en la cotidianidad, pero somos incapaces de advertir los deslizamientos dolorosos que van descomponiendo los días.  Es la construcción de la falsa normalidad: diseñada para lo perfecto, para la ausencia del error, del hastío…

Es un tributo a la poética de lo inminente, de lo que llamamos de repente. Los hombres y las mujeres viven huyendo, evadiendo, ocultando lo real. Se sostienen en estrategias que les hacen ver que es posible huir de lo imposible: que es lo mismo que huir de lo posible, de lo ocurrible. Tratan de alcanzar instantes donde pensar, ver, advertir, percibir, presenciar, constatar no sea posible; pero fracasan, en esa cruzada son derrotados. La empresa de borrar, enterrar, hundir y arrasar lo lesionador no es posible desde el olvido, sino desde la memoria. Es simple la lección: olvidar es un verbo del engaño.

El lector sucumbe a un presentimiento: huir y olvidar son dos falsos verbos de la restitución, dos infinitivos del engaño, del drama silencioso del abandono, de lo que creímos perfecto, pero coagulaba el torrente sanguíneo del otro. Aspira amanecer con la boca y las manos limpias. Con el estómago vacío, la mente en orden y el corazón seco: requisitos para estar a salvo. Una forma de pensar en los amortizados bienes de las emociones, que jamás se convirtieron en sentimientos y afectos.

Misión Olvido es un recordatorio de que la memoria es un transporte seguro, un pálpito congelado, un fotón de milagros, intocables por el poder, la desconfianza en la vida…De que la vida consiste en una restitución de la memoria. Que ejercer el oficio del olvido es ejercer el oficio del dolor. Que las sombras del pasado, se disipan respirando memoria.